Con amor en la Semana Mundial de la Lactancia

Esta semana las madres, familias, y las futuras madres lactantes estamos celebrando la Semana Mundial de la Lactancia. Muchas Felicidades para todas(os).

Quiero compartir un poco de nuestra historia como familia lactante que nos cambio radicalmente la vida, como la vivimos y la manera de como vemos el mundo.

Yo suponía la vida muy ordenada, llena de reglas y parámetros rígidos. El único que irónicamente no tenía identificado es que somos humanos, animales, bípedos, mamíferos. Por ende, el nacimiento de nuestra primer hija fue una maravilla desde el punto de vista de aquellos que se encuentran ideal alejarse de nuestra humanidad, pero que me abofeteó y espabiló de todo aquello que consideraba normal e ideal. Después vino tratar de amamantar a mi beba. Como mujer primeriza en estas labores tan intuitivas, hice más corto circuito que robot tratando de nadar en un piscina olímpica. Mientras tanto mi beba, ahí la manejaba para apalear como podía, una tras otra metida de patas de su madre (YO). Sin embargo, como que en algún minuto me revelé, y dí rienda suelta a mis instintos maternales. Mandé a que se fuera bien lejos  mi miedos, prejuicios, conceptos estríctos, opiniones de unos y otros (que por lo demás cada cual tiene una) y opté por aferrarme a mi niña así se acabara el mundo. Así en la profunda soledad de mi pequeño departamento, en un país con lengua ajena, con mucha incertidumbre económica, y muchas otras no muy tranquilas circunstancias, me decidía a lactar y velar por mi hija, y que mundo se agarrase porque ahí íbamos nosotras. Mi beba como siempre una campeona, tomó de mi pecho hasta que la leche fluyó y la satisfizo. Fueron días, semanas, quizás meses en que anduvimos cada día un poquito mejor que el otros, que a veces se me hacía infinita la montaña arriba, y de repente estaba arriba con mi beba en brazos dormida, con los labios llenos de leche de mamá. En esos momentos, tocabamos la cima, día tras día. Un día a la vez.

De ahí llegamos a los grupos de apoyo, que son muchos, partiendo por la Liga de La Leche, y muchos otros grupos de familias que se agrupan y se hacen camino en la crianza respetuosa.

Con la llegada del segundo hijo, no habían dudas, ni miedos, ni anciedad en relación a la lactancia. Ahí todo flujó la continuidad de la vida. Ya reconciliados con la incertindumbre y con la traquilidad de tener mucha gente detrás para acompañarnos.

 Yo ahora, estoy aquí para acompañar en el camino y brindar mi granito de arena, para que las familias y las madres nunca tengan que sentirse solas, que no tengan que nadar contra la corriente.  Tal como yo fui cobijada con mucho amor y ternura por otras madres.

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